
Los pájaros en Canadá deben estar confundidos. Desde hace dos días ha hecho
un calorón (Cº 26, bien caliente para este desierto helado) pero hoy amaneció como un día cualquiera casi invernal. Desde hace dos días los pajaritos cantaban en medio del verdor, de las flores (tulipanes y rosas por doquier, no exagero) y bajo el tibio Sol. Hoy corren y vuelan de árbol en árbol refugiandose de los C º 13 de esta mañana.
No basta con el recalentamiento global, ruido, smog y otros
terribles asuntos que ya desorientan a las aves del resto del Mundo. Aquí en Canadá nunca sabrán qué esperar. Frío, calor, frío, calor, tibio, frío, viento, no viento, calor, frío... Como ustedes deberían saber,
si es que no han pasado por la manos de una escuelita bolivariana, estos especímenes suelen emigrar de acuerdo al clima. A veces lo hacen al sur, otras al norte. Imaginen el revoltillo de itinerario que terminan teniendo aquí.
De hecho, el otro día encontré a una ensangrentada y medio desplumada en plena calle, casi descompuesta
:-(*) . Se estampó contra un árbol, ventana o carro y me preocupa.
(Alerta: Foto real)Yo mismo me he puesto en su lugar. Me da una arr@#$ enorme cada vez que, en pleno verano,
sin orejeras, chaqueta, bufanda ni quince capas de ropa, salgo para descubrir que puedo pasar un día haciendo muñecos de nieve. Si a eso le sumamos que acabo de emigrar desde el paraiso Tropical (lease Venezuela), que dejé amigos, familia y demás, pues el escenario de confusión empeora.
Gracias a Dios existe el MSN, el sobrevaluado BlackBerry y otros juguetes infaltables en el kit de supervivencia de un emigrante. Son un punto de conexión con la realidad más conocida. Sirven mientras reconstruyes tu vida y evitas colapsar en medio de la soledad y olvido.
Y es que los seres humanos reaccionamos muchas veces igual que los animales (unos más que otros). Al menor cambio de entorno podemos perder el rumbo y hasta estamparnos.
Yo aún sonrío.
(Se supone que mi mano, en lugar de parecer fracturada y deforme,
hace el saludo de Star Trek LOL)